DORA BARRANCOS: “La pérdida de derechos significará un aumento de la violencia doméstica”

* Entrevista realizada por Leo Coda, periodista y estudiante de la Especialización en Comunicación y Género de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.

La socióloga e historiadora feminista reflexiona sobre el impacto que tiene en el cuerpo de las mujeres las políticas conservadoras que se están aplicando en nuestro país y en la región. Manifiesta que, como en la década del 90, las mujeres son doblemente golpeadas. Por un lado, por el desempleo, que en momentos de crisis repercute estadísticamente con mayor crueldad sobre las mujeres y, por el otro, por la violencia que los varones descargan sobre ellas cuando arrastran frustraciones. Sin embargo, confía en la construcción plural que vienen realizando los feminismos y los colectivos de la diversidad sexual en los últimos años. “En los 90 no teníamos el enjambre de núcleos que hoy tenemos”, advierte, y resalta que “eso es inédito y me reconforta respecto de las capacidades de resistencias que van a venir”.

Barrancos es además directora del Conicet por Ciencias Sociales y Humanidades y una de las intelectuales más lúcidas de la Argentina. Una académica y militante comprometida con las luchas por los derechos y la emancipación de las mujeres en el país y en Nuestramérica. Desde ese lugar plantea que tiempo atrás, el patriarcado “era muy descarnado” tanto con las mujeres como con los varones, pero dice que ahora “se ha sublimado un poco”. No obstante, teme que alcance su más cruenta dimensión en tiempos donde gobiernos de signo neoliberal administran varios países de nuestra la región.

En esta entrevista, analiza también el impacto en las subjetividades del Ni Una Menos, por dónde tiene que pasar la agenda feminista en este nuevo tiempo histórico, las tácticas a desarrollar en momentos de resistencia y el lugar que deben ocupar los varones en esa lucha.

– ¿Por dónde tiene que pasar la agenda del movimiento feminista en este contexto político y social que estamos atravesando a nivel regional?
– Efectivamente estamos atravesando un ciclo aciago, un ciclo general de retrocesos. Había aspectos que antes estaban garantizados desde el punto de vista de los derechos de las mujeres, desde las sexualidades disidentes. Había un anclaje dentro del Poder Legislativo. Este Poder Legislativo creó mucho derecho. Por lo tanto, no dejo de ver como una circunstancia de clarísima preocupación el cambio de conducta de nuestros representantes en el Poder Legislativo.
Por otra parte, ha habido datos muy alentadores respecto de la construcción plural de los feminismos en los últimos tiempos. Esos son datos muy alentadores. Estoy creyendo con mucha firmeza, que el movimiento, al derramarse de tal manera, se ha construido con mayor fortaleza. No es necesario hoy estar en un determinado núcleo feminista para acertar con una cosmovisión, con una subjetividad feminista. Eso para mí es muy alentador. Pese a todas las posibilidades de retroceso –o tal vez por eso- hay una cuestión muy animadora en este enorme derrame que hay respecto de la subjetividad y la conducta profeminista y también asociado a las personas de sexualidad disidente. Entonces mantengo ese optimismo aunque soy muy pesimista respecto de la situación general, porque hay un contexto grave que puede significar retrocesos de tipo legal, no sólo del Poder Ejecutivo. Acá hay creación de leyes adversas a las mayorías populares y, dentro de esas, obviamente está la situación de las mujeres. Por el otro lado tenemos como nunca movimientos muy fuertes, muy vigorosos, de mucha fertilidad y ahí vamos a ver mucha resistencia.

– Entonces, en este contexto que usted describe, ¿por dónde tiene que pasar la agenda de las mujeres? El aborto legal, seguro y gratuito quedó como una materia pendiente de la etapa anterior. ¿Cuáles son los otros ejes y reivindicaciones que deben priorizarse?
– Vamos a renovar el pacto que tenemos las feministas respecto de la demanda de la despenalización del aborto, porque esa es una contribución estremecedora. A veces en la historia ocurren circunstancias que son paradójicas. En momentos que han sido oscuros, resulta que tienen una especie de intersección casi impensada. Voy a referirme a cómo las mujeres conquistamos la plenitud de nuestros derechos civiles durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. Fue en 1968 y de manera impensada. Ya se había suspendido el divorcio vinculante en la Argentina. De hecho, ya había muchas personas separadas. Ese año, el ministro del Interior, Guillermo Borda, actuó de una manera notable al equiparar todos los derechos. En ese entonces, las mujeres no podían enajenar los bienes propios si no era con el consentimiento del marido, que tenía que poner la firma. Digo esto para equiparar de fondo mi optimismo. Hay épocas en las que se atraviesan muchos retrocesos, pero bueno, volvamos igual sobre el aborto, quién sabe. Eso es agenda de primera línea.

-¿Teme que en este nuevo contexto se recrudezcan y reproduzcan las estructuras elementales de la violencia, de las que habla Rita Segato?
– Dentro de la agenda que usted me preguntaba, se encuentra la necesidad de combatir el flagelo de los feminicidios, el flagelo de la violencia. No veo actitud dentro de esta gobernanza de orden preventivo. No hay medidas preventivas. Creo que hay un enunciado que se va a tornar muy fuerte. Veremos cómo los feminismos recogen el guante respecto del impactó de las políticas sobre los sectores populares, que obliga a las mujeres de los sectores populares a salir al mercado en condiciones muy vulnerables, frente al desempleo abierto de sus compañeros, maridos, cónyuges e hijos. Esto ya lo vimos en los años 90. Hubo un aumento de la población económicamente activa femenina y un aumento notable del desempleo femenino. La tasa de desempleo femenino era dos o tres puntos más alta que el desempleo masculino. Por eso las feministas tenemos que estar muy prevenidas.
foto 1En los últimos días participé de varias asambleas y hay una idea clara respecto a la necesidad de saber que todas las injurias que reciben las unidades domésticas, los hogares y las familias de los sectores populares respecto de la pérdida de derechos laborales y el desempleo significa un aumento de la violencia doméstica. Esto es de libro. No es necesario que hayamos estudiado muchos tomos de mercado laboral y de mujeres respecto de lo que pasa con las articulaciones de las políticas neoliberales para saberlo. En los 90 se decía “qué representa mejor la imagen patética de la exclusión y de la pobreza: un cuerpo femenino”. Entonces digo que hay que preveer que las circunstantes mujeres van a ser doblemente golpeada. Y no sólo en términos metafóricos. Va a haber un aumento de la violencia en los hogares.


Tras el golpe cívico, eclesiástico y militar de 1976 y tras recibir amenazas de muerte por su militancia en el peronismo, se exilió en Belo Horizonte, Brasil. Debió dejar a sus dos hijas muy pequeñas al cuidado del padre de las chicas, de quien se había divorciado. Con su actual esposo tuvo una tercera hija. En Brasil, Barrancos entró en contacto con el movimiento feminista y con otros movimientos sociales que se posicionaban en contra de la dictadura. En ese contexto también tuvo su primer contacto con Michel Foucault, y su ingreso en el campo de historiografía.



– En una entrevista que usted concedió a Página12 decía que el Paro Internacional de Mujeres del 8 de Marzo pasado se realizaba ‘contra las actuales políticas económicas que promueven la pobreza extrema y que harán más vulnerable la condición femenina, una repetición aciaga de los años 90. ¿Cómo fueron esos años en relación a la resistencia que desarrolló el movimiento de mujeres?

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-Yo creo que hay una variación histórica de los 90 a ahora. En los 90 las feministas actuábamos pero éramos un cuerpo segregado de la sociedad. Éramos cada vez más grupos pero éramos feministas de capilla. Me acuerdo la muerte de las muchachas que parece que ejercían la prostitución en Mar del Plata. Era pavoroso. Era una muerte serial de jóvenes en Mar del Plata. Después se consiguió captar a la red de tratantes en la que había hasta un juez que sigue detenido. Entonces hay una diferencia grande con esos tiempos. Venimos de ese craquéele que significaba el despojo sobre las mujeres con esta mayor precariedad y con este estado de enorme endeblez frente al mercado laboral, su desempleo y el hostigamiento. En ese tiempo todos los recursos de la psicología nos narraban cómo se quebraba la integridad moral y espiritual de los maridos que se encontraban desempleados, lo que luego se traducía en una curva ascendente en materia de violencia de género. En los 90 no teníamos el enjambre de núcleos que hoy tenemos, el cual ha derivado no sólo de los viejos oficios de las feministas con sus prédicas y acciones muy mancomunadas. Hoy no hay prácticamente ningún colegio secundario que no tenga un centro de estudiantes con un núcleo que esté atento a cuestiones de inequidad de género y a bullying por cuestiones de sexualidad. Eso es inédito y eso me reconforta respecto de las capacidades de resistencias que van a venir frente a estas circunstancias tan aciagas que están en el espectáculo del acontecimiento.
En este momento hay un desempleo abierto ya muy grande y además hay amenazas de mayor desempleo. Esto es un azote. Pero si el contexto se ha puesto tan oscuro, el texto se ha puesto muy resistente. Tenemos el Ni Una Menos, que más allá de sus propias integridades (sabemos que hay tensiones), construyó en la última movilización un temario extraordinario en el que no faltó nada, y aglutinó, no restó.

-¿Cómo es el impacto del Ni Una Menos en las subjetividades de mujeres y hombres?
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-Ya me han preguntado a quién interpela el Ni Una Menos y en principio está interpelando a las propias mujeres. Hemos visto de cerca cómo mujeres se convirtieron rápidamente. El camino de la conversión hacia una subjetividad que remite fuertemente a reflexionar sobre sí misma no retrocede. Esto es como aprender a nadar. Uno cuando aprende a nadar, ya no se olvida. Puede estar más o menos ejercitado. Y esto es lo que ocurrió con Ni Una Menos. Se trató de una movilización de gran envergadura que significa el trastabilleo de las opresiones internas. Muchas mujeres han hecho una conversión que ya no van a dejar. Y muchos varones también. Porque el Ni Una Menos interpela a las mujeres y reta al patriarcado, lo que no quiere decir que rete uno a uno a los hombres, sino que reta a la malla patriarcal, al sistema y al régimen asociativo de perversiones patriarcales. En este punto estoy optimista. Creo que el próximo 3 de junio tendremos más gente en la calle asociando más problemáticas y mujeres más movilizadas porque muchas más estarán afectadas, aunque no sea de manera directa, pero siempre hay una lesión: el sobrino que perdió el trabajo, el marido que está afectado o el amigo que perdió el trabajo. Son todas cuestiones que terminan afectando. No se puede vivir en sólipsis. Un rato largo la gente es muy individualista, pero al final se da cuenta que necesita un nudo colectivo.


En 1984 regresó a Argentina y renunció al Partido Justicialista por considerarlo un movimiento conservador. En esa coyuntura, comenzó a estudiar la historia política de la Argentina y publicó varios estudios sobre los movimientos socialistas y anarquistas. Un año después, obtuvo la maestría en Educación en la Facultad de Educación de la Universidad Federal de Minas Gerais, en Belo Horizonte. Y en 1986 obtuvo el puesto de investigadora en el CONICET.



– En este proceso de retrocesos pero a la vez de emancipación, empoderamiento y de acumulado histórico de parte del movimiento feminista, ¿es posible que el movimiento de mujeres encabece una estrategia política que incluya su propia emancipación, pero a la vez promueva otros cambios sociales y políticos?

-No me parece que tenga la capacidad de desarrollo que implique una cierta hegemonía. No me parece que sea posible, no digo que no sea plausible. Nosotros necesitamos esto que está ocurriendo. No estamos disputando hegemonía, estamos disputando la idea de la paridad y de la equidad. Por eso donde hay gente de a pie que hace política, tiene la obligación de pensar en los remanentes de desigualdad de las mujeres, pero no creo posible que haya una fuerza con protagonismo para disputar hegemonía, y no me parece que esté siendo procurado por el bastísimo movimiento feminista. Las mujeres ahora se dicen “soy feminista”.

– Como un posicionamiento político…
-Sí, como un desafío, pero no buscamos hegemonía. Lo que buscamos es que se tenga en cuenta todo este clamor. Y se lo tenga en cuenta no para que conste, sino para que acontezcan las transformaciones que necesitamos. Lo ideal sería que haya una intersección en todos los movimientos políticos. Hay movimientos que están menos predispuestos a observar y advertir esta inequidad.

– A fin del año pasado se aprobó la Ley de Paridad de Género en el Congreso. ¿Eso podría colaborar en ese punto?
-Ahora tenemos paridad en el orden de representatividad. Ahí hay una apuesta también. Fue maravillosa la treta de las mujeres en la Cámara de Diputados. Fue una estrategia extraordinaria. Más allá de las divergencias políticas ideológicas que hay entre las mujeres legisladoras. Eso originó una comunidad de sentidos notable. Hemos ganado una Ley de Paridad porque la Argentina estaba quedando rezagada. Ya siete países la tenían. Ahora vamos a ver cómo se comportan las fuerzas políticas porque hay que apostar a que haya muchas interlocutoras feministas en las listas para las dos cámaras. Cuando hay más feministas en la representación, las leyes se transforman en un sentido muy significativo.


Barrancos fue legisladora de la ciudad de Buenos Aires por el Frente Grande y luego profesora titular regular de la cátedra de Historia Social Latinoamericana, en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Coordinó la maestría en Estudios Sociales y Culturales, en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Pampa. Entre 2000 y 2009 fue directora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En la actualidad dirige la Maestría y el Doctorado en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Nacional de Quilmes y es directora del CONICET en representación de las Ciencias Sociales y Humanas.



-¿Cuáles son las características del patriarcado hoy?
-El patriarcado hace mucho gatopardismo. Antes era muy descarnado y hoy se ha sublimado un poco. Sus tretas han cambiado un poco pero no dejan de ser como en el pasado. Lo que creo es que está sufriendo cimbronazos. El patriarcado hoy es un poco más comedido, no cabe la menor duda. En pocos lugares se nota que hay un temblequeo mayor, pero no hace todavía un síntoma general. Es un patriarcado que a veces está más alerta, se ve claramente. No obstante, en algunos lugares, ciertos modelos masculinos están cambiando muchísimo.
Yo sigo con mucha atención lo que pasa con magistrados y magistradas, que son los aplicantes de la justicia. Si bien hay fallos que aún son muy lamentables, ahí sí tengo una mirada optimista. Ha cambiado muchísimo desde la Convención de Belém Do Pará y sobre todo desde la construcción de la nueva legalidad en la Argentina. Esta nueva legislación está forzando en gran medida la mirada, la percepción, la sensibilidad y la interpretación que tienen que hacer jueces y juezas. La ex jueza de la Corte Suprema de Justicia, María del Carmen Argibay, creó una oficina para capacitar a magistradas y magistrados y a todos los coadyuvantes en la administración de la justicia en orden a una percepción generizada. Y de ahí en adelante hay toda una emulación. Tengo la suerte de dar clases para la Escuela Nacional Judicial de Tucumán, y ahí hay un compromiso inexorable con todas estas nuevas valoraciones en torno a la equidad entre las personas. Entonces la perspectiva de género tiene un cauce muy interesante, por lo que me satisface mucho el ambiente de discusión con los operadores de justicia y su reposicionamiento. Esto me permite pensar que no todo está perdido y que dentro de dos siglos estas circunstancias serán tema de anécdotas.

-¿Cómo se relaciona esta patriarcado que usted define “gatopardista” con los nuevos gobiernos de la región?
-Nosotras sabemos muy bien que los gobiernos conservadores -que hasta violan los derechos humanos- son más estruendosos respecto de la inequidad de género. Es cierto que en Europa se pretendió volver atrás con la legislación que despenaliza el aborto (precisamente en España y en Polonia) pero no se pudo. Eso es una buena lección. No obstante, los regímenes conservadores tienen todos los aditamentos de la conserva. Por ejemplo, el conservadurismo actual en Brasil ha repatriarcalizado todas las dimensiones. Hacia fines del año pasado, Judith Butler visitó Brasil por un congreso relacionado a la democracia. Fue abucheada, hostilizada, había grupos con pancartas con una agresividad brutal, más o menos le decían homicida. Yo viví 8 años en Brasil exiliada y

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no me imaginaba este cuadro tan regresivo. Pensaba que iba a ser el primer país que iba a convertir en ley el matrimonio entre personas homosexuales. Pero miren lo que ha retrocedido. No me quedan dudas que son fuerzas revivificadas patriarcales, auxiliadas con elementos sacramentales. Brasil está viviendo un retroceso en materia de sensibilidades religiosas. Hay hostilidades brutales a toda persona que es diferente en términos de orientación sexual, que pregona el aborto o los derechos femeninos libres del condicionamiento inexorable de la maternidad. Es una forma muy quebrantada la que está presentando Brasil y me preocupa muchísimo porque es un escenario candente de lo que puede hacer el patriarcado cuando retrocede una sociedad.

– Y en muchos aspectos el gobierno de Mauricio Macri ha intentado imitar al de Michel Temer de Brasil. Me refiero, por ejemplo, a la reforma laboral que se intentó/intenta imponer en nuestro país, que en ningún momento se planteó una discusión en torno a cuál es el lugar que debe ocupar la mujer en este mercado laboral y en estos tiempos.
-Lo que se quiere plasmar en la reforma va a tener consecuencias para toda la población. Se trata de un paquete de leyes rectificadoras -reforma laboral, tributaria y previsional-. Ya sabemos a lo que se refieren con el gasto laboral, los segmentos laborales propios de mujeres y propios de varones, sabemos que la mayoría de los altos cargos de las empresas están en manos de varones. Todo eso es de manual. Entonces esta reforma viene a dar una vuelta de tuerca.
Por otra parte, la paritaria que se firmó con un importante gremio del Estado (UPCN) y el actual gobierno hace perder el presentismo cuando se trata de licencia por maternidad. Es decir, cuando se retrocede inclusive se puede llevar por delante la concepción propia patriarcal, porque la concepción patriarcal es que las mujeres inexorablemente tienen que parir. En orden al retroceso hasta se fagocitan su propia consigna. Es una concepción casi asombrosa. O sea, los estados conservadores son propiciantes de estas “funciones inexorables” de los seres femeninos. Sin embargo, en la paritaria que se firmó no hay reconocimiento de la maternidad y se pierde el presentismo. Es una contradicción en sus términos. Las fauces del patriarcado son así, no trepidan.


Reconocida como ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires por su trabajo académico y tras recibir el Premio Konex al Mérito de las Humanidades en la Argentina, Barrancos acaba de terminar una investigación en la que relaciona la guerra fría en Guatemala, Argentina y Brasil con circunstancias asociadas a distintas mujeres (Cristina Vilanova, esposa del presidente derrocado Jacobo Arbenz; la experiencia de un grupo de mujeres que estuvieron bajo la mira de los tribunales militares del Plan Conintes; y la organización del Movimiento Femenino de la Amnistía tras el golpe de Estado en Brasil). La investigación se publicará como un capítulo de un libro que está por editar la costarriqueña Eugenia Rodríguez.
También está trabajando en algunos otros ensayos. Entre ellos destaca Historias mínimas del feminismo latinoamericano.


– En esta lucha que encabezan las mujeres ¿cuál es el lugar que debemos ocupar los varones?
– Los varones de buena voluntad fueron siempre acompañantes de las feministas. Esto ocurrió desde los albores del feminismo. Los varones tienen que saber que la lucha de las feministas no es contra ellos sino contra una perversa malla llamada patriarcado. Además, el patriarcado también tiene gran capacidad para infringirles derechos a los varones. Le infringió los derechos de la ternura, de una masculinidad disidente, de celebrar con mucha emoción ciertas condiciones de la vida. Es hora de que recuperen esos derechos. foto 4
Necesitamos lazos de cofraternidad. No debería haber ninguna señal de magnitud diferencial. Nosotras invitamos a los varones a que se sacudan fuertemente esos mandatos que, por otra parte, no son de todos los tiempos de la humanidad. El patriarcado emergió hace 20 ó 30 mil años, hace mucho tiempo, pero la humanidad tiene alrededor de 250 mil años. Entonces los invitamos a que se sacudan sus cadenas obstructoras que los llevan a seguir cognitividades y a clausurar sus propios derechos. Vamos a ser todos, todas, todes muchos más felices cuando el patriarcado termine con su lamentable gestión.

-Para cerrar quisiera volver al inicio de la entrevista. Usted me contaba que en los últimos días participó de varias reuniones y asambleas. ¿Entonces cómo se construye poder político desde el feminismo en estos tiempos? ¿Cuáles son las estrategias que se estuvieron discutiendo en esos encuentros? ¿Hacia dónde y cómo tenemos que avanzar en esta sociedad que usted describió?
– Lo notable es que estaba en asambleas académicas, en asambleas populares, en asambleas mixtas en José C. Paz, en Claypolé, en La Plata. También fui invitada por diferentes mujeres de asociaciones gremiales. El panorama lo tengo claro: Se construye con mucha sororidad, con mucha afinidad colectiva. No se puede construir fuerza en torno de nuestros derechos con narcisismos elevados. Las personas somos narcisistas pero el asunto es cómo el narcisismo no coloniza ni esteriliza las posiciones colectivas. Necesitamos colectivos fuertes, necesitamos alta convicción y no frustrar por cuestiones egocéntricas estas fuerzas que van a ser muy significativas en los próximos años.

 


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