“Ser madre feminista es permitirse las contradicciones”

Crónica de una “mala madre” o, mejor dicho, de una maternidad que no le hace el juego al patriarcado. “Pude relajarme cuando entendí que no iba a ser la madre perfecta sino la madre que puedo ser”. Laura, “Laurilla” para lxs amigxs, se sube a la escoba de las Brujas para compartir su experiencia como mujer feminista criando a un niño de cinco años.

Se abre el ascensor y Manu sale corriendo con un papel en la mano. “Te hice un dibujo. Ese soy yo y esa sos vos”, me dice.Entre risas nos saludamos y subimos al departamento lleno de juguetes que “el enano” –así lo llama Laura, su mamá- va sacando para mostrar. Entre los chiches está también la bolsa de tops que “Laurilla” teje para vender. “Estoy generando stock porque todavía no sé si sigo teniendo trabajo”, cuenta entre risas para no llorar. Ella, como muchxs, es víctima del ajuste macrista.

Por Paula Di Carlo

Fotografía: Belén Valenzuela

 

¿Cuál es tu primer recuerdo del amor?

Mi primer recuerdo de amor fue el enamoramiento hacia un tío. Él estuvo en Montoneros. Una persona divina. Un borrachín que escribía cuentos para chicos. Y no era que me gustaba físicamente sino que era un enamoramiento muy fuerte. Pero creo que el primer primer enamoramiento que realmente tuve fue hacia una compañerita de la primaria. Me acuerdo de ese cosquilleo en la panza, que después me pasaba con nenes también. El primer beso fue con ella en el baño de la escuela primaria. Y se lo conté a mi tío, mi confidente. Me dijo que le parecía bárbaro y fue el único que supo de mi familia, hasta que murió de cáncer hace unos años. Era escritor, periodista no recibido. Y yo escribía mucho, en los diarios íntimos, todo eso que me pasaba. Y él me incentivaba, le daba importancia al escribir.

¿Siempre quisiste tener hijxs?

No sé. Era más como algo que tenía que hacer o una fantasía de llegar a ser eso que había que ser. Pero después, cuando fui construyendo mi idea de madre, empecé a conformarla desde un lugar que no era el de la madre tradicional. Entonces ahí me fui alejando de la idea, no del deseo -de ser madre-, porque sabía que ese modelo de madre yo no iba a poder serlo. Pero sí pensaba en todo lo otro, como ser madre teniendo una pareja mujer, serlo sin estar en pareja o en pareja pero en casas separadas. Te estoy hablando de cuando tenía 18 años, cuando recién empezaba la facultad. Venía de Berisso, que es así (junta el dedo gordo y el índice sin pegarlos). Vengo de familia militante, pero pensarme en lo sexual desde un lugar diferente llegó después. Estaba descubriendo otro mundo y pensaba que iba a ser madre después de los 40 porque, pensaba, iba a estar más preparada.

¿Cómo conociste al papá de Manu?

Lo conozco por amigos en común. En ese momento era artesana y estaba todo el tiempo en la feria de Plaza Italia (La Plata). De alguna manera ser artesana rompía con el mandato de mi familia que es militante y profesional. Dejé la facultad, me dediqué a viajar y a la artesanía. También a militar pero como delegada de la feria. Y empecé a vivir mi sexualidad más libremente, sin sentirme juzgada por lo que debería ser. A mi vieja le conté algunas cosas recién a los 31 años, cuando ya tenía el nene. Mi viejo lo tomó como “y bueeeeno, vos siempre fuiste rara”. (Risas). La bisexualidad me pesó en la maternidad, no en otros aspectos.

Del papá de Manu me enamoré cuando estaba rompiendo con la idea y la práctica de la pareja tradicional. Empecé a tener distintos vínculos sexoafectivos, a vivir mi sexualidad más libremente. En ese momento atarse a una pareja era lo contrario a la libertad y yo estaba bárbara. Ahí aparece este muchacho y medio que empezó desde un lugar de trampa, entonces estaba dentro de ese esquema diferente que yo estaba buscando fuera del noviazgo tradicional. Hubo un amor fuerte e intenso y empezamos a tener una relación violenta desde lo psicológico, primero de él hacia mí y después se volvió algo mutuo. En ese momento yo no podía visualizar esa violencia.

¿Y el embarazo?

Quedo embarazada por un descuido que, después pensándolo bien, no sé hasta qué punto fue realmente un descuido. Nosotros nos separamos antes de que yo aparezca con la noticia, aunque nos separábamos cada tres o cuatro días, con mucha telenovela y drama, todo. Y, justo, esa separación yo había decidido que fuera la definitiva. Osea que la maternidad ya no era una posibilidad ni siquiera a los 40. Quedé embarazada cuando decidí tomar las riendas de mi vida sexoafectiva.

Antes de Manu yo aborté. Nunca me pesó, nunca creí eso de que los pibes vienen y hay que aceptarlo. Jamás lo viví ni como un drama ni como algo que no iba a poder manejar. Si yo quería ser madre lo iba a ser y si no quería no. Mi familia siempre estuvo a favor del aborto además.

IMG_5069Él sí lo quería tener, y empezó todo un juego de manipulación propia de la relación violenta, y yo estaba en un momento difícil. Sentía que no encajaba en ninguna regla de las que hay que cumplir, tanto en lo sexual, pareja, familia, profesión. Creo que de alguna manera necesitaba anclarme en algo que me hiciera pertenecer.Después empecé a pensar, a fantasear que tipo de madre podría ser. La madre diversa, padres que no están juntos, y un montón de cosas que yo ya tenía en claro cómo iban a ser algún día. Y bueno, se acercó la fecha de los tres meses y no sabía mucho hasta cuando era el riesgo. Esa es una de las razones por las que hay que despenalizarlo. Yo siempre estuve a favor del aborto, lo milito, eso y la maternidad elegida.

Finalmente decidimos tenerlo. Quizás si hubiese sabido todo lo que sé ahora no sé si lo tenía. Eso me pasa, a muchas nos pasa, pero es muy difícil decirlo porque eso te vuelve mala madre. Incluso una de las cosas que me pesó siempre es haber dudado, haber pensado en no tenerlo. Y yo tenía un embarazo de riesgo y tenía miedo a perderlo. Lo que sentía también y que solo pude decírselo a una amiga que tiene decidido que nunca va a ser madre, es que si lo perdía capaz era un alivio. Y cuando nació el nene me pasó algo muy loco que después con el tiempo y escuchando relatos de otras mujeres, me di cuenta que es normal: No tuve un amor maternal desde el minuto cero. Era una cosa extraña que invadía mi cuerpo, que no sabía cómo manejar. El amor en cualquier situación incluso en lo maternal es una construcción. Pero nos hacen creer que lo normal, lo natural, es amar a un hijo. Yo eso lo viví con mucha contradicción y sin poder decirlo en voz alta, solamente a mi madre que me ponía cara y a mi amiga.

¿Qué es para vos la maternidad?

Para mí la maternidad es uno de los vínculos más difíciles de construir desde la decisión real. El vínculo madre-hijo que por lejos uno de los vínculos más estigmatizados que existe, si no es el más. Amar a tu hijo también es una tarea.
Y a la vez el hijo es un espejo, tanto de las fortalezas como de las debilidades. Aunque la primera parte fue difícil por el vínculo con el padre, hoy sí puedo decir que la maternidad me empoderó. Para mí la maternidad es una relación de poder. Si hay algo donde no hay verdades absolutas es en el maternar.

Está buenísimo maternar pero es un deporte de riesgo, cada experiencia es única. Y, estoy convencida que se puede ser feminista y madre. De hecho, si se es madre se debe ser feminista y eso sí para mi es una verdad absoluta (Risas).

Lo interesante para mi es desconstruirse, pensar en que cosas una realmente decide. Preguntarse primero qué te define como mujer y después como madre. Preguntarse qué madre quiero ser, qué madre me imponen que sea y, esto es re importante para mí, qué madre puedo ser. La maternidad puede ser una buena instancia para realmente aceptarnos y valorarnos como somos. Y no lo digo desde un lugar romántico de “yo me amo”, sino que, por lo menos lo que me pasó a mí es que me hizo ver que yo no era toda madre. Soy Laura, artesana, madre, amante, contradictoria, esto o lo otro.

La maternidad es un espejo. Empezás a aceptarte como sos. Y una puede ser madre aún ya siéndolo. Me refiero a que ya teniendo un hijo podes decidir no ser madre. Y no me refiero a darlo en adopción, sino a desvincularte a lo afectivo o a construir la madre que una quiera ser.

Ser madre feminista es poder permitirse las contradicciones, permitirse decidir que madre queres ser y también permitirse los tropiezos en el medio. El feminismo nos cagó la vida (Risas). Ser madre feminista es estar en contradicción constante, y eso es lo fabuloso. Por momentos duele un montón pero te permite transitar la maternidad desde otro lugar. Yo elijo ahora ser madre, diversa, contradictoria, porque me acepté Laura contradictoria y cambiante y pude trasladar eso a mimaternidad.

Hay cosas que me generan un montón de contradicciones. Sí pude anclar las cosas que no, las cosas que no quiero para mí ni para un pibe, sea mi hijo o cualquier otro. Tuve que ir pelando un montón de cáscaras, ver cuáles son los pilares sobre los que construyo. Mis pilares son claramente feministas y a partir de eso construyo mi maternidad. Y después el pibe será lo que pueda y quiera ser. Mientras no me salga policía (Risas). “Me salga”, dije, ahí está la relación de poder, en no creerse dueña del pibe. Eso es una de las cosas más difíciles porque yo lo parí, es mío. Es difícil romper con eso. Eso fue lo que más me costó y me cuesta todavía.

¿Cómo conociste el feminismo?

Ingresé al feminismo antes de ser madre, en el medio de la relación violenta, a través de compañeras que estaban militando. Y ahí empiezo a visualizar los distintos tipos de violencia y también vi que había otro tipo de maternidades. Me di cuenta que esa maternidad que yo quería y que me parecía tan lejana, era real y se podía llevar a cabo. Por eso decidí ser madre.Vivo con mucha culpa el ser feminista y haber elegido un padre violento para mi hijo. No es una culpa de látigo, porque no es que me arrepiento pero sí es contradictorio. Yo tenía ganas de ser madre y al acercarme al feminismo y ver otras maternidades me jugó inconscientemente a poder.

Al mes de que nació Manu eché al papá de mi casa por violento y hasta el día de hoy seguimos teniendo una relación difícil y conflictiva. De a poco me fui adentrando en la maternidad desde un lugar más tranquilo a partir de acercarme al feminismo. Aunque antes de quedar embarazada ya estaba cercana, tenía muchas compañeras, sobre todo cuando hicimos lo de apellido de Manuel, cuando decidimos ponerle el apellido de los dos. Fue el primer caso que se resolvió desde lo administrativo, porque en realidad el primero fue en Córdoba pero por vía judicial.

¿Qué cambió en tu vida desde que está Manu?

IMG_5094¡Todo! (risas). Literalmente todo. Hay cosas que no cambiaron sino que se afianzaron, como los valores. Antes de tenerlo a Manu yo estaba en plena ruptura con todo lo que era el mandato familiar. Transitando la maternidad me di cuenta de las cosas que valoraba de mí, construidas a partir de mi familia.

Cambió todo en cuanto a lo cotidiano y al modo de hacer las cosas, pero hay pilares que se volvieron más sólidos y también veo ahí el empoderamiento. Creo que transitar la maternidad de esta manera me permite afianzar cosas que antes me generaban mucha inseguridad. En el medio de la crisis de todo lo que soy y lo que quiero ser, le tenés que dar de comer al pibe y eso te ordena. Podría no haberlo sido pero en mí resultó positivo. Encontré un montón de puntos fuertes en mí que no sabía que tenía y desde ahí me sigo construyendo. La maternidad no es algo que sea de una manera o que cuando haces algo distinto sientas una tremenda culpa. Se puede hacer algo distinto y eso también resulta liberador.

¿Te hicieron sentir mala madre?

Me lo hacen sentir todo el tiempo. Pero con el empoderamiento que me vino con la maternidad, pude empezar a sacar para afuera un montón de cosas que eran disruptivas y que no iban de la mano con lo que socialmente se entiende por “buena madre”. Esa madre que el patriarcado quiere que seas, sí, pero que también está presente en los espacios diversos y militantes. Esa idea de que siendo madre hay cosas que no se deben hacer, que cómo vas a hacer tal cosa teniendo un niño. Todo eso lo viví y lo vivo todo el tiempo, pero ya ahora no lo transito con tanta culpa. Ahora Manu es más grande y puede decidir y muchas veces es él quien dice “quiero” o “no quiero”.

Me acuerdo cuando era bebé y todas las opiniones de qué erabueno o no para él. Son mensajes para vos y te tocan. “Ay pero pobrecito”, te dicen y te hacen sentir mala madre. También hay mucha idealización de la maternidad. El pibe también te hace sentir mala madre. Cuando empieza incidir los factores externos sobre él ya no solo es un espejo tuyo sino del mundo de afuera, de todo lo que estás haciendo bien y también de todo lo que supuestamente estás haciendo mal. Trato de que no me afecte pero sí me afecta. Eso igual también te pone filtros, entonces capaz ya no elijo pasar el cumpleaños con la tía Coca sino con las pibas, porque adelante de ellas sí puedo decir “este pendejo me tiene re podrida”. También podes elegir no callarte pero la pasas mal, estás todo el tiempo enojada, confrontando y dando explicaciones.

También está la idealización de la infancia que se fue desarmando ahora que va creciendo. Es una personita, un sujeto pensante. Y, si sos madre feminista y le estás mostrando el mundo, te encontrás también con que te contesta de una manera que te hace pensar “para qué mierda le expliqué esto”. Hay que saber que somos dos personas, que no somos una madre y un angelito. Además de madre sos persona, persona intolerante en mi caso. Ahí también entra la cuestión del vínculo de poder que decía antes, porque somos dos personas ahí, ambos con derechos, teniendo que negociar como en cualquier otro vínculo.

Hay que romper con la idea del amor incondicional porque si no dentro de la maternidad lo único que está permitido es ser buena madre. Los niños son personas, pequeños monstruos, que son divinos sí, pero que cansan, agotan, y que una también es persona, mujer o lo que quiera ser. Lo bueno es establecer un vínculo de comunicación donde puedas explicar que vos también sos una persona, que necesitas tu espacio, que éstas son tus cosas, que no todo es suyo.

Poder reconocernos a nosotras no solo como madres, implica que el pibe se reconozca como persona y no solo como un niño que depende de su madre.

¿Cómo es ser madre feminista teniendo un hijo varón?

IMG_5075Y, lo primero que pensé fue “¿cómo hago para que no me salga un pelotudo machista?”. (Risas). Yo quería una nena por la idealización y también por mi propio machismo, creyendo que criar una mujer es más fácil porque somos más dóciles, porque le ponés unas colitas y un vestido y listo. Entonces el tener que criar un varón para mí es tener que enfrentarme todo el tiempo con mi propio machismo,inclusive pensaba en que prefería que fuera puto en lugar de heterosexual machista y golpeador. Como si lo gay quitara lo machista, eso también es idealización. Pero sí puedo decir que me genera un compromiso que es también militante, de criar un varón no machista, luchando con este sistema que además te lo devora. Porque vos le podes regalar un tutu de nena… ¡”De nena”, dije! (Risas). Todo el tiempo hay que estar reforzando cosas y para mí es una apuesta y una convicción política. Creo que una de las cosas que más miedo me da es que el pibe sea devorado por este sistema y que sea un violento, machista y golpeador.

¿Qué le dirías al Manu adulto?

Uf. Nunca lo había pensado. Supongo que le diría que tenga empatía, que se dé cuenta que hay un mundo afuera, que observe, que no está solo.

Para finalizar y por tradición de Viaje en Escoba, Laura responde a la pregunta de cuándo se sintió una bruja:

¡Desde siempre! Amo a las brujas desde chiquita. Muchos de los cuentos que escribí son de brujas. Me pasaba siempre que las veía feas pero poderosas. Pero si tuviera que elegir un momento en que me sentí realmente bruja, fue cuando me definí como madre diversa y feminista.


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