#13J El día que prendieron la luz

Este texto no es una crónica, no es un ensayo ni nota periodística. Es un reflejo de sensaciones y pensamientos latentes sobre lo que fué el #13/14J. Algunas cosas quedarán afuera, para la jornada del Senado.

*Por Abril Carrizo.

Frente a la pantalla de Callao y Rivadavia, en esa mañana fría del 14 de junio, ahí estábamos todas, agarradas de la mano de alguna amiga, de alguna compañera, de alguna desconocida, cerrando los ojos, mirando para abajo, para arriba, con los labios, los cachetes y los párpados repletos de glitter y emponchadas hasta la cabeza. Ahí estábamos, bancándonos la previa de la votación en el Congreso, en lo que probablemente haya sido  uno de los momentos más intensos, cansadores y emocionantes que hemos vivido. En cada rostro se reflejaba el deseo de ser libres, de avanzar hacia la autonomía de nuestros cuerpos, de nuestras decisiones, de nuestras vidas. Ahí estábamos, hermanadas, después de 24 horas de movilización y vigilia, haciendo fuerza para que el verde, que ya era masivo afuera del Congreso, lo fuera también dentro.

El 131 a 123 hizo explotar a la marea. Un resultado que construimos, que no nos regalaron, por el que luchamos y que después cambió levemente pero no modificó la decisión del Congreso. Resultado del que dudamos por segundos cuando leíamos los diarios o las redes sociales durante la noche y los pronósticos se modificaban constantemente, pero del que, sin embargo, en ningún momento dejamos de creer, querer ni desear. “Se dieron vuelta tres pampeanos” nos dijo una desconocida que teníamos adelante, mostrándonos el Tweet que lo pronosticaba. El pecho se nos infló, los ojos se abrieron enormemente y empezamos a sentir el sabor de la victoria. Un resultado final de 129 a 125 que reflejó años de lucha de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, de debatir en los Encuentros Nacionales de Mujeres, de movilizaciones en las calles, en las plazas y en las asambleas.

La lucha es un pañuelo (verde)

En estos años, hemos irrumpido con nuestros pañuelos verdes en el espacio público y en las instituciones. Se volvió moneda corriente ver en estos meses una tela verde colgada como bandera en nuestras mochilas. Un pañuelo que se convirtió en el símbolo de muchas de nuestras luchas por la libertad, que interpeló a la sociedad y nos permitió seguir visibilizando este reclamo en todos los pañuelazos del país. Un símbolo que, en definitiva, es un reflejo de la búsqueda de una verdadera justicia social.

mafia 1

Esa mañana, esa noche, ese día entero de movilización nos llevó a esa justicia social, una victoria enorme como movimiento feminista, movimiento transversal, intergeneracional, empancipador y revolucionario que viene por todos los derechos que el sistema patriarcal y capitalista nos arrebató y a los cuales no vamos a renunciar jamás. Un movimiento que nos devolvió la política desde otro lugar, desde una base tan poderosa y concreta como es la sororidad. El feminismo popular rompe con la política patriarcal de relacionarnos desde la diferencia para reconocernos en la otra, en su historia y su proceso y así construir juntas un objetivo común. “Lo personal es político”, nos dijeron, y eso abrió un abanico de posibilidades en nuestras vidas, posibilidades de cambio, de perspectiva, de encuentro con otres y construir un mundo más justo e igual para todes. Un movimiento que, en definitiva, nos puso en conexión nuevamente con nuestros deseos y con que estos se vuelvan política.

24 horas para sonreír

La vigilia comenzó con la partida del Tren Verde desde La Plata el martes 13 de junio, los vagones colapsados y envueltos en agite y mística de la marea hasta Constitución, el glitter compartido preparándonos para la llegada al Congreso, metiendo las patas en el barro de la plaza, las recorridas por las carpas y su organización. La noche bajo cero nos encontró durmiendo en la calle o bailando y entrando en calor al ritmo de las artistas. Luego, la madrugada envueltas en frazadas frente a la pantalla con algún mate de sorpresa, aplaudiendo a quienes votaban a favor y abucheando a quienes se manifestaban en contra, sin importar su distinción política. (Debo admitir que alguna cáscara de banana fue revoleada hacía la pantalla cuando habló algún diputade opositor al proyecto).

Toda la jornada fue un reflejo de ese deseo colectivo vuelto acción, de hermanarse, de reconocerse en el rostro de la otra y de que solo juntas y empoderadas podemos derrotar al patriarcado. Y esa mañana, la del 14 de junio, resonó un grito de emoción que rajó la tierra, las estructuras, los mandatos, un grito que agrietó, lastimó y avanzó contra el sistema patriarcal que nos oprime y nos violenta. Ganamos el poder de seguir debatiendo un proyecto en el que las mujeres y cuerpos gestantes podamos decidir sobre nuestras vidas, nuestros cuerpos; sin miedo a morir, sin el estigma de la clandestinidad y el juicio moral. Un grito que trajo a las que ya no están, a aquellas que abortaron en lugares inseguros y murieron, a aquellas que siguen poniendo en riesgo sus vidas, a aquellas cercanas que acompañamos a abortar o que quisieron hacerlo y no pudieron por el miedo a las consecuencias de un aborto inseguro. Un grito que puso en jaque el mito de la maternidad, que les demostró a todes que queremos una maternidad deseada y no impuesta. Que el ser madres no es nuestro destino ni nos realiza, sino que, en realidad, nos realiza el placer y la libertad.

festejo congreso

Pudimos torcer la vara  de Dios. Ese Dios que invocaron a modo de ritual, del otro lado de las vallas, los pocos y mal llamados “pro-vida”, que en realidad son y siempre fueron los anti derechos. Ese Dios encarnado en la Iglesia que nos impuso la moral, que nos inculcó la culpa durante años para dominarnos, culpa por disfrutar de nuestra sexualidad, culpa por sentir placer, por no querer ser madres ni formar una familia, culpa por separarnos, por elegirnos antes que todo. Esa institución que mandó a quemarnos por brujas, por ser mujeres con poder, con saberes, porque creíamos en nuestra fuerza y en nuestra energía más que en ese ser omnipresente, varón, que nos querían meter en la cabeza a la fuerza. Esa religión que produjo y fue cómplice de los más grandes genocidios de nuestra historia y que presionó durante los últimos meses al Congreso para que votaran que las mujeres sigamos muriendo.

Sí, torcimos la vara. Ya ningún Dios ni religión nos va a obstaculizar el camino. Por eso dejamos en claro que queremos la separación de la Iglesia del Estado, no más culpa ni discursos morales que se interpongan ante nuestros derechos, ante las políticas públicas que necesitamos y por las que no vamos a dejar de luchar.

Y también ese día expusimos a la política patriarcal. Aunque algunes referentes políticos, luego de la jornada, nos trataran de ingenuas y de hacerle el juego a la derecha macrista, nosotras les respondemos que no lo somos y que esa es otra forma más de desvalorizarnos como sujetas políticas. Recuerden que fuimos nosotras las que le hicimos el primer paro al macrismo (y ya van tres), que salimos desde 2015 a pedir políticas públicas para prevenir y erradicar la violencia (hubo 752 femicidios desde que asumió Macri), y que en el último #NiUnaMenos también gritamos #LibresYDesendeudadas. Pero, sobre todo, les recordamos que somos nosotras, desde este movimiento feminista popular, las que estamos ampliando derechos en un contexto político sumamente adverso. En definitiva, les decimos que aprendan, aprendan de nuestra forma de hacer política, que no nos tengan miedo porque llegamos para quedarnos.

El Palacio y la Calle

Un #13J que se volvió una fiesta, junto a las artistas, músicas, cineastas, actrices, dentro y fuera del escenario. “LA DE AL LADO NO ES COMPETENCIA, ES TU AMIGA” gritó la murga mientras hacía bailar a todo Callao. Esa frase tan simple destruye años de un sistema patriarcal que nos quiere separadas, enemistadas, sin posibilidad de organizarnos. Nos encontramos ahí, movilizándonos con alegría, bailando y sintiendo todo nuestro cuerpo en libertad, gritando hasta quedarnos sin voz. Mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales, no binarias, luchando por las libertades individuales que son colectivas. Como aquella vieja frase peronista que la diputada Lucila de Ponti estampó en su remera en pleno debate: “Todas unidas triunfaremos”. El palacio y la calle, las diputadas con su grupo de guasap “Las Sororas” y afuera las sororas copando la Plaza.

“Nosotras ya no somos las mismas que ayer, ni seremos las mismas mañana, hacemos pesar distinto la balanza todos los días, y sabemos que con cada batalla, ni tarde ni temprano, el patriarcado se va a caer”, gritó Ofelia Fernández en un megáfono cuando la noche se pronunciaba y el frío empezaba a sentirse con más fuerza. Ella, luchadora, militante, piba, hija, joven. Ella es una de las tantas que se pusieron la camiseta en esta lucha, que tomaron los secundarios, que debatieron en los canales, en las aulas, en las calles. Esa revolución de las hijas estaba ahí, firme, con sus pañuelos y glitter verde, luchando por un país mejor para todes, esperando que algunes dinosaurios pudieran darle lugar a la juventud en el Estado. Esa juventud de la que la mayoría de los medios hegemónicos se burlaron por usar lenguaje inclusivo y que cierto periodista facho y machirulo quiso humillar por estar defendiendo sus derechos. Jóvenes que, como sujetes politiques saben que el futuro ya llegó y es de elles.

mafia 2

Dentro del palacio, refugiados tras sus bancas, estaban los dinosaurios antiderechos que siempre serán antiderechos, siempre estarán en contra de lo popular, de la vida de las mujeres y su autonomía. Una turba que nos comparó con perritas o marsupiales, como si nuestro objetivo fuera solo reproducir a la especie o ser incubadoras para dar en adopción; antiderechos que imponen sus creencias y vivencias personales por sobre su obligación de legislar para un pueblo, un pueblo que afuera resistía para poder seguir soñando con un Estado presente, un Estado que nos acompañe en nuestras decisiones y proteja nuestras vidas. En definitiva, diputades que fueron superades y expuestes desde siempre y para siempre como antiderechos. Vale recordar las comparaciones que muches diputades a favor de la despenalización hicieron sobre los antiderechos cuando se oponían a otros proyectos como el matrimonio igualitario o el divorcio. Los antiderechos siempre lo fueron y siempre lo serán.

Y ahora que si nos ven

La palabra “patriarcado” retumbó durante la noche y la madrugada del 14 en la pantalla de Callao y Rivadavia. Retumbó varias veces y algunes no podíamos creer que esa palabra, que representa todo un sistema de poder, que nos somete día a día, sonara en la boca de diputades dentro del Congreso. En el lugar donde se toman las decisiones para legislar un país, se hablaba de patriarcado, de dejar que las mujeres decidamos sobre nosotras mismas y de acompañarnos. Los ojos míos y de muchas se llenaban de emoción, a cada rato que escuchaba esas frases sentía que ésta era una revolución imparable, que éste era el piso para ir por todo. Y luego escuche “todes” en boca del diputado del FPV Marcos Cleri. “Todes” simbolizaba la llegada de otra construcción del feminismo que todavía encuentra sus reticencias en la política y en las instituciones, pero que sin embargo se coló en el debate legislativo para mostrar que lo que no se nombra se invisibiliza.

Tal vez quedará para el Senado pensar cómo aplicarán esta política pública, en caso de ser aprobada (SERÁ APROBADA COMO SEA), aquellas provincias del interior, conservadoras, en las que ninguno de sus diputades votó a favor del proyecto. Cómo llevar este debate a aquellos territorios y hacerlos práctica concreta. Fue muy visible la desigualdad entre regiones y las influencias religiosas en los territorios. Sin embargo, sé que eso ninguna sola va a saberlo ni resolverlo, pero sí todes vamos a construirlo y lograrlo.

Ya no quedan dudas de que esta marea verde, violeta, multicolor, que logró la media sanción, conseguirá todo lo que se proponga. Al patriarcado ni cabida, viva la revolución.

SORORIDAD PARA SIEMPRE.

FEMINISMO PARA SIEMPRE.

POLÍTICA PARA SIEMPRE.

aborot legal

Fotos: M.A.F.I.A 


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