El Escarmiento

La condena a Nahir Galarza o cómo se activan los dispositivos de control hacia las mujeres en la justicia patriarcal.

Por Silvina Perugino, Abogada, Feminista.

Fuente: https://www.radiocadenanacional.com.ar

El proceso judicial llevado adelante contra Nahir Galarza, su abordaje mediático y la condena, sorprendió al feminismo de Argentina, subido a su cuarta ola, y también, en medio de una de las batallas más arduas que ha llevado adelante en los últimos años: la legalización del aborto.

No obstante, el movimiento de mujeres en general y el feminismo en particular tiene escuela en ocuparse de varias cuestiones a la vez: la doble jornada laboral es un claro ejemplo, también lo es la doble agenda política, que llevamos cada día, intentando instalar la temática de género sin desatender las cuestiones más “generales”, sobre todo en momentos de retrocesos sociales y de derechos.

Pese a ello, el “caso Nahir”, así lo titulan los medios, no ha formado parte de la agenda del feminismo. Hace unos pocos días asomaban temerosos algunos post de algunas compañeras en las redes que merecían luego, algunos correctivos, del tono que “con el feminismo está todo bien, pero esto ya es otra cosa”, digamos que el feminismo se permite hasta un punto, y que una vez ya pasada esa raya no estaría habilitado. O en el tono de “Se hizo justicia” o “Pedimos justicia más allá del sexo del persona”, “había violencia de los dos lados”, entre otros, incluso muchas de estas reflexiones desde una supuesta perspectiva feminista.

El problema del feminismo y su relación con la justicia penal es arduo; y tan amplio el espectro ideológico que convoca el movimiento, que se sienten parte del mismo, personas que hasta avalan la pena de muerte. Un feminismo liberal. Un feminismo acomodaticio con la justicia penal. Un feminismo que celebra una condena a perpetua de uno de los dispositivos de control social más eficaces que los Estados modernos nos ha sabido brindar. Un feminismo punitivista. Un feminismo contrario a sus propios principios.

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Cierto es también que desde esta trinchera pedimos y exigimos que de una vez, la justicia investigue los crímenes asociados a la violencia de género, los juzgue y los condene. También es cierto que la condena no nos devuelve a las víctimas, no sana el dolor de las que quedaron vivas, y poco nos garantiza el eventual cese de la violencia de género. Pero el reclamo va por otro carril, el reclamo es que deje la justicia de convalidar determinados crímenes, que deje de tolerar las violaciones, los feminicidios, los travesticidios, que deje de promoverlos con su actitud encubridora. No tanto sirve la condena en sí, como la demostración de una justicia comprometida con las víctimas menospreciadas por siglos, de una justicia para la que no haya muertos de primeras y muertas de segunda, una justicia que se tome enserio la violencia de género. Extremos complejos acerca de nuestro rol frente a la justicia penal, y también falta de soluciones.

La justicia que existe, la justicia y hablamos de la justicia como poder y no como valor, la justicia sí tiene sus propias soluciones. La justicia sí sabe qué hacer en determinados casos. La justicia sabe, que demorar un juicio oral diecisiete años puede concluir en la absolución de uno de los imputados, sabe que si una mujer es “infiel” puede provocar la “emoción violenta” del feminicida y este hecho actuar como atenuante de la condena, la justicia también sabe cuando una feminicida “no puede comprender la criminalidad del acto”, y sabe valorar si ”ha cooperado con la justicia”, la justicia sabe que si el crimen es un travesticidio o un transfeminicidio, puedo dejarlo impune porque a nadie le importa. Sabe qué crímenes debe tolerar y qué crímenes no debe tolerar, y lo hace en defensa propia. Lo hace en defensa del propio sistema político que le ha dado origen.

Y lo que más sabe la justicia, es aplicar el rigor. Aplicar el correctivo. Servir de escarmiento. Los pasos dados en términos sociales y políticos por el feminismo deben encontrar un coto. Y el coto lo pone el Poder del Estado que más ha obstaculizado el ejercicio de los derechos de las mujeres. Es un correctivo social. Es un mensaje claro: no vamos a permitir la defensa de tu vida a costa de la vida del violento, del patriarca. Las únicas vidas susceptibles de ser apropiadas sin condena son la de los cuerpos feminizados, salvo, claro está, que un movimiento de mujeres y activistas multitudinario acompañe el caso, que haya abogadas con perspectiva de género, que los medios se apiaden y alguna otra cuestión que se me escapa. Y así y todo, veremos el peso moral que tiene en lo social del feminicida y/o travesticida. A la inversa el rigor se aplica.

Así, con una ciudad movilizada por el crimen del patriarca, la misma ciudad inmovilizada por los crímenes de las travestis, con un abogado que prefirió el hermetismo pensando tal vez, que estaba ante un caso puro del derecho penal, y no ante un caso que mas debe competerle al feminismo, con los medios de comunicación dispuestos a construir de la victima que decide decir basta, el demonio más atroz sobre la tierra, y con un feminismo ajeno, transcurrió un juicio que en tal sólo seis meses consiguío una sentencia ejemplar: perpetua a una joven de 19 años, que se convierte en la más joven condenada a perpetua y que paradójicamente es mujer. Ya lo sabemos, la tasa de criminalidad en las mujeres es mínima. Qué ha cambiado de la política criminal del 1900 cuando la primera cárcel que se crea es una cárcel de mujeres siendo que el porcentaje de mujeres que delinquían era, como ahora, mínimo? Nada. En ese entonces la cárcel fue correctivo para las mujeres que no soportaban el orden patriarcal de sus matrimonios. Y hoy la justicia nos da esta condena ejemplar. Y es lógico sentirse un poco parte de este correctivo, sentirse un poco parte de las destinatarias de la condena. Y lo debe sentir el feminismo, el feminismo que sabe que para generar las condiciones dignas de vida de las mujeres, las travestis, las trans, las lesbianas, debemos reconfigurar de cuajo este estado y sus instituciones, y para ello es necesario tensionar el orden, las decisiones, las razones.

Por eso pido la absolución para Nahir, porque creo que hay que tirar de la piola de este sistema que nos somete, que permite los feminicidios, y los travesticidios, que sustenta la cultura de la violación, que no soporta a las víctimas empoderadas, que prefiere mil veces a las víctimas muertas, que se resiste a nuestro derecho al aborto. Hay que tirar de la piola de esta justicia machista, patriarcal y de clase, de este sistema penal que sólo sirve para control, hay que tirar de la piola y tirar, hasta que se corte.


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