La maternidad será deseada o no será

Por María Florencia Freijo*

Antes de subirme al micro que me devuelve a mi ciudad elegida, luego de visitar mi ciudad natal, miraba una peli en la casa de mi mamá. En el departamento de mi mamá, al lado, un bebé comenzó a llorar de manera estrepitosa, continúa, con dolor. Los nuevos vecinos se hacen sentir. Ese llanto ensordecedor me recordó algunas noches con Gael recién nacido. Recordé el dolor de la mutilación que te hacen todos los médicos aunque decidas no someterte a una cesárea: la episiotomía. Como que la marca ellos te la tienen que dejar igual.

Gael nació un 23 de junio, el 29 de ese mes es mi cumpleaños también. Me acuerdo que sus primeros seis días estuvieron marcados por las tetas llenas de leche, afiebradas. Una herida mal cocida por los médicos residentes que hizo que ese 29 estuviera con una infección que me hizo encontrar, literalmente, entre la vagina y el ano, una abertura sangrante, un tijeretazo sin fin, un hilo que se mezclaba con mi orina y escrementos. Entre las dudas de maternar, el llanto incesante del recién nacido. Ver si se le cae o no el ombligo. No dormir. Se sumaban esos terribles dolores corporales. ¿Qué clase de persona, haría pasar por todo eso a una niña de 12 años? ¿Qué clase de mujer con hijos? ¿Qué clase de persona, haría pasar por todo eso a una mujer que no desea hacerlo?

Dfu_JURU8AUZ6-_Las personas indiferentes. Los hombres que no dimensionan. Las mujeres que anestesiadas a un parto biológico, el Patriarcado les deja su marca para siempre y les roba nuestro momento mamífero, el que se vive con autenticidad si es con elección, pero también con respeto.

Me gustó esta foto porque refleja deseo. El deseo, sostengo, es eso que nos emancipa hasta incluso de la elección. El deseo no es elección, el deseo es interno, palpita, nos hace sentir seguras. Lo opuesto al Deseo es la Obligación, y creanme, maternar, traer un hijo a este mundo a través de nuestros cuerpos es algo mucho más profundo que “darlo en adopción que ya está”, es una marca tan profunda, que solo puede atravesarse con el deseo como pasaporte y nos devuelve emancipadas. Caso contrario, es una cárcel social, que nos devolverá al mundo como víctimas o victimarias.

*Integrante de Economía Feminista


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