LOS MUNDOS POSIBLES, LAS VIDAS VIVIBLES

*Desde Roma. Italia.
Por Cármina Arédez

Andrea Aguilar (30) es de Villa Mercedes, San Luis, Argentina. En su trayectoria como socorrista ha asistido junto a sus compañeras 355 abortos, durante cinco años trabajó en red en su país, dándole un giro a su propia experiencia. Este miércoles va a vivir la resolución que se dictará del otro lado del mundo junto a colectivos de la región y personas autoconvocadas. Su imagen y la de otras mujeres se puede ver en el material de difusión para la jornada, en el que se reflejan los pañuelos verdes contrastados con el Vaticano, el Coliseo Romano y otros puntos de la ciudad transitados cotidianamente.

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¿Qué convocatoria están haciendo?

El 8 de agosto a las 19hs nos vamos a reunir frente a la Embajada de Argentina en Roma, porque si bien estamos a muchos kilómetros del espacio físico en donde se está deliberando el futuro de tantas mujeres, la fuerza que nos lleva a estar unidas es más grande que la distancia. Estamos respondiendo al llamado de un feminismo internacional, a un pañuelazo mundial, todas sumergidas en la ola verde. Nos significa una práctica regular de sostenernos colectivamente.

¿Qué es el feminismo internacional?

Somos una incalculable red de mujeres, lesbianas, trans, bisexuales, de prácticas y realidades disidentes, que estamos superando el desafío que implican las fronteras y los Estados Nación. Entendemos que nos encontramos frente a una situación global que está atravesada por la vulnerabilidad y riesgo de una infinidad de cuerpos, que no responden a las reglamentaciones del poder capaz de construir sentido respecto de lo que está “bien” y lo que está “mal”. Nos organizamos de manera espontánea, pero a la vez constante y sostenida a lo largo y ancho del planeta. Cuando hablo de feminismo me refiero a una postura política concreta que se opone a los mecanismos que siguen sosteniendo la verticalidad en esta sociedad, en la que algunos están arriba y otres estamos abajo.

Portada

¿Hace cuánto que sos activista?

Me considero activista, feminista, abortera, desde que me construí en red con otras mujeres y organizamos Las Rudas, en Villa Mercedes, articuladas con Socorristas en Red de todo el país. Hace 5 años que me identifico en esa narrativa, momento en el que empecé a entender que los abortos riesgosos e ilegales son producto de una situación política, social y colectiva, no son hechos aislados que le suceden a ciertas personas, como mi caso particular, que fue una situación traumática, no por la decisión en sí, sino por cómo sucedió. Así nació mi acción de acompañar a otras mujeres, llevando a cabo categorías éticas puntuales. En el caso de San Luis, tenemos una provincia que nunca protocolizó la Ley de Educación Sexual Integral, a demás de la presencia del Opus Dei y el conservadurismo de Cuyo -totalmente instalado-; entonces, por ejemplo, el hecho de que la estadística de muertes por maternidad sea nula es gracias al activismo y no a la acción del Estado, dato reconocido el año pasado por los mismísimos integrantes del Ministerio de Salud. Formar parte de estos espacios de lucha es saber que hay que insistir, insistir e insistir en que es importante que nos escuchen, que las lecturas de la realidad no son estáticas, que podemos debatir desde las sensibilidades y preguntarnos cuáles son los mundos posibles y las vidas vivibles.

¿Qué se va vivenciar este 8 agosto en Argentina y en el mundo?

Lo que vamos a ver este miércoles es que las mujeres hemos sacado los abortos del closet y que la despenalización social es un hecho. En el caso de que estas personas que son nuestros representantes voten a favor de la ley, estaremos frente al reconocimiento histórico de la sexualidad y la salud de las mujeres, como así también a la desligitimación de la clandestinidad y negociado que hay detrás de la práctica ilegal. Considero que una normativa es un punto de inicio, pero la garantía se sostiene en unidad. Se va a vivenciar de una vez por todas que lo que hacemos cuando abortamos es decidir sobre nuestro cuerpo y proyecto de vida, ya que consideramos que la maternidad es una elección. Recordemos que todo varón que decide no ejercer su paternidad tan sólo se aparta de la situación y por el contrario nosotras no podemos. Que se entienda que cuando una mujer no desea maternar, en el útero no tiene un hijo, sino un embarazo no deseado. Lo que esperamos es que aquellos que tienen voto decidan a favor de la emergencia sanitaria que significa esta realidad, que detengan las muertes, no olvidemos que en Argentina la única objeción médica que existe es cuando una mujer llega al hospital luego de haberse realizado un aborto. Es la única excepción. El Estado debe responsabilizarse por esta falta ética y por la necesidad clara de legalización. Si este 8 de agosto la respuesta es no, lo que va a suceder es que los colectivos redoblaremos los esfuerzos, continuaremos acompañándonos y el año que viene lo volveremos a tratar, pero este proyecto va a ser ley.

¿Qué sentís estando en Roma en un presente de tal magnitud en tu país?

Yo salí de argentina justo antes de que se planteara el dictamen de comisión que permitió que el proyecto fuera tratado este 2018, luego de 13 años de espera. Creo que si hubiera sabido que esto iba a suceder me hubiera quedado allá, en este momento estaría probablemente en reuniones de más de seis horas con mis compañeras Las Rudas, pensando estrategias para sacar este debate a la calle, para que los abortos dejen de estar en el miedo, en el dolor y en la soledad. Pero lo que me llena de sentidos es que me sé en red, me siento en red y me construyo en red. De hecho hemos recibido el apoyo de Non Una Di Meno y de diversas organizaciones de Italia, lo que permite otra clase de crecimiento, ya que ahora me encuentro en un país en el cual hace 40 años que el aborto es legal, pero en el que todavía el discurso conservador está vigente; un país en el que se permite la intervención sin autorización de los padres recién a partir de los 18 años, con toda la violencia que eso implica y a su vez el 80% de los médicos son objetores de conciencia. Estar acá es saber que el trabajo no se termina con una ley instituida. Y digo con total simplicidad: ¿Por qué no es importante lo que estamos diciendo, allá, acá, en todos lados? ¿Por qué no importa? Eso no lo puedo entender, entonces sea Latinoamérica o Europa, la lucha es la misma. Cuando yo tuve un embarazo no deseado y me hicieron un legrado sin anestesia a los 17 años, entendí que la agresión no puede ser una posibilidad, en aquel momento me preguntaba: ¿Por qué no es importante mi humanidad?

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FOTOS: Ezequiel Altamirano – Juan Pablo Giusepponi


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