¿Cómo nos muestran “ahora que sí nos ven”?

La Red Par (Periodistas de Argentina en red por una comunicación no sexista) manifiesta su preocupación en relación a la escalada estigmatizante del feminismo y la ausencia de perspectiva de género en el tratamiento que los medios hegemónicos están dando a determinadas noticias.

La selección de los aspectos a resaltar tanto del pasado 33o Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) como de la noticia del asesinato de Sheila Ayala son dos muestras de una avanzada contra el crecimiento y visibilización de las demandas de los movimientos de mujeres en Argentina. Los medios de comunicación hegemónicos, funcionales al sistema patriarcal, encuentran en la reproducción de discursos e imágenes demonizadoras del feminismo, el instrumento para contrarrestar la instalación en la sociedad del “ni una menos” y el “ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven…”. De esta forma, incentivan la discriminación, la misoginia y el fundamentalismo religioso sin cuestionar al Estado ausente en la garantización del ejercicio de los derechos de las ciudadanas.

En los días previos a la realización del 33o ENM –al que este año se sumaron gran cantidad mujeres que por primera vez participaron, entre ellas las jóvenes de la llamada “la revolución de la hijas”- circularon rumores acerca de que las mujeres iban a matar bebés, quemar iglesias, romper autos y comercios lo que ponía en alerta a la población de la ciudad patagónica de Trelew (donde se realizaría el mismo) por el peligro de la marea verde feminista. Posteriormente se puso el acento, como sucede cada año, en el accionar de un grupo minúsculo de las participantes que al finalizar la marcha de cierre,
repudió a la iglesia católica. Poco se publicó acerca de que fueron ferozmente reprimidas por civiles a quienes la policía dio vía libre. Poco y nada se dijo, de las hostigaciones (comentarios de no ser bienvenidas, silbidos y apedreadas en las escuelas donde dormían y en los colectivos en los que se trasladaban y robo de pertenencias) que sufrieron las mujeres. También poco se dijo acerca de las muchas manifestaciones de apoyo recibidas de parte de la población de Trelew, particularmente de sus mujeres, durante la marcha de cierre del 33 ENM.

Otra de las cuestiones que se reiteró en la cobertura mediática es la imagen de los cuerpos de las mujeres que decidían marchar con sus torsos desnudos, lo que despertó comentarios misóginos de los grupos antiderechos.

En el caso del asesinato de Sheila Ayala de 10 años en San Miguel, provincia de Buenos Aires, la focalización del abordaje mediático desde las razones detrás del asesinato llevan a entrar en detalles sobre cómo fue el mismo -o se suponen que fue – o en qué estado se encontró el cuerpo y las circunstancias en que se cometió. Este abordaje periodístico termina impregnado los relatos de sensacionalismo, amarillismo y morbosidad.

La construcción de esta noticia no considera la incidencia de un Estado patriarcal. Sheila es la expresión de la vulnerabilidad por la falta de acceso a la educación, a la salud, al desarrollo económico y también de las violencias que las mujeres de su entorno más cercano, por ejemplo su madre, arrastran de generación en generación.

El asesinato de Sheila es un feminicidio porque se entiende que el hecho de ser una niña es un factor de vulnerabilidad que aumenta las posibilidades de ser víctima de violencias machistas. Debería ser abordado desde una perspectiva de género.

El tratamiento que los grandes medios hacen de los asesinatos de mujeres por el hecho de serlo deja al descubierto la desinformación, el desinterés o la perversidad en insistir con un abordaje sensacionalista y discriminatorio que desconoce las causas estructurales de la violencia contra las mujeres.

Por último, advertimos que la demonización del movimiento de mujeres y de los feminisimos se agrava cuando los medios reproducen ideas falaces o no esclarecen informaciones erradas. Nos referimos a la divulgación liviana de la expresión “ideología de género” (una invención de sectores conservadores religiosos para desprestigiar a la perspectiva de género y a ese campo académico de estudios), y a la amplia visibilización que los medios le dan a la campaña contra la aplicación de la ley de Educación Sexual Integral (ESI) sin cuestionar la ilegalidad y peligrosidad de esa postura. La ESI es una ley nacional, su ejercicio es un derecho inalienable y las campañas en pro de su incumplimiento constituyen un delito.

En el contexto actual de feroz ajuste económico, vulneración de derechos y avanzada de sectores conservadores, se hace imperioso alertar acerca de la responsabilidad de las/los periodistas y comunicadoras/es en no ser parte del engranaje que omite la responsabilidad del Estado y carga las tintas ya sea demonizando como espectacularizando este tipo de coberturas mediáticas como dos caras de una misma moneda: el recrudecimiento de la violencia contra las mujeres.

Red Par – Octubre/2018


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