Hasta que sea ley

Hoy es 28 y la marea vuelve al Congreso a presentar por octava vez el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Habrá pañuelazos en más 100 puntos de Argentina y en las principales ciudades del mundo.

Por Paula Di Carlo 

iveLa Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito está cumpliendo 12 años y todavía no podemos decidir sobre nuestros cuerpos. ¿En serio después vienen a preguntarnos por qué estamos enojadas? Nos violan, nos matan, nos secuestran –en La Plata volvimos a marchar por Johana pero ya no pidiendo aparición con vida sino castigo a los culpables de su asesinato- y encima resulta que no tenemos autoridad para decidir si queremos o no ser madres.

El proyecto que se presentará en conferencia de prensa a las 17.30 en el Anexo C de la Cámara baja, despenaliza y legaliza el aborto en las primeras 14 semanas de gestación y más allá de ese plazo cuando corre riesgo la vida o la salud de la mujer y en casos de violación. Se le incorporaron algunas modificaciones en relación al que se presentó el año pasado, cambios basados en el debate parlamentario y las discusiones territoriales que se dieron en las distintas regionales que componen la Campaña.

El proyecto establece los alcances del derecho a la IVE con algunas modificaciones al Código Penal. No criminaliza a las mujeres y otras identidades con capacidad de gestar que realicen un aborto por fuera del plazo de 14 semanas y de las causales establecidas. Respecto a lxs profesionales que intervengan solo mantiene penas cuando se practique sin el consentimiento de la mujer o persona gestante.

Un dato importante tiene que ver con el capítulo donde se reafirma que el Estado es el responsable de aplicar la educación sexual integral, previendo “asesorías” para las mujeres o persona gestantes que así lo requieran. Al mismo tiempo se deberá brindar información, acompañamiento y métodos anticonceptivos. Por último, establece de 3 meses a 1 año de prisión e inhabilitación especial por el doble del tiempo de la condena a la autoridad de un establecimiento de salud, profesional o personal de salud que “dilatare injustificadamente, obstaculizare o se negare a practicar un aborto en los casos legalmente autorizados”. La pena sería de hasta 5 años si resultara la muerte de la mujer o persona gestante. El proyecto también establece que se debe garantizar la práctica de la IVE dentro de los cinco días de su requerimiento y debe estar cubierta la práctica en hospitales, obras sociales y prepagas.

Por otro lado, si la persona que quiere abortar tiene menos de 13 años, “se requerirá su consentimiento informado con asistencia de al menos uno de sus progenitores o representantes legales”. Y cuando tiene entre 13 y 16 años, “se presume que cuenta con aptitud y madurez suficiente para decidir la práctica y prestar debido consentimiento”. Si su vida o su salud corre grave riesgo por condición preexistente, el consentimiento lo deberá dar uno de sus progenitores. A partir de los 16 años se considera que tiene “plena capacidad” para ejercer los derechos previstos en la ley.

También se eliminó la causal de las “graves malformaciones fetales”, a raíz de los cuestionamientos de organizaciones que trabajan sobre derechos de las personas con discapacidad. Tampoco se incorporó la fórmula que se acordó en Diputados, que despenalizaba y legalizaba también el aborto en casos de fetos incompatibles con la vida extrauterina. Ni dice nada en relación a la objeción de conciencia. Lo que sí aclara es que no se puede pedir ningún permiso judicial a quien solicite un aborto en los términos que define la ley.

Allí estaremos todxs para exigir que se trate en Diputados y, de aprobarse, se estima que quería pendiente su tratamiento en Senadores hasta la incorporación de 24 senadoras y senadores pos elecciones de octubre.

Esperemos que esta vez no nos comparen con perros ni voten en contra porque no tuvieron tiempo de leer el proyecto. Esperemos que esta vez hagan su trabajo. Y como dijo la joven dirigente feminista, Ofelia Fernández. “Nadie nunca escuchó tanto a la política como nosotras en esas vigilias heladas. Supimos quiénes eran nuestros parlamentarios y qué tenían para decirnos. ¿Y saben qué después de eso? Les perdimos un poco el respeto. Ya sabemos que nadie nos puede venir a decir que nos falta ni capacidad, ni experiencia, ni formación para ocuparnos nosotras mismas”.


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